Bugatti Tourbillon por dentro: diseño interior atemporal inspirado en la relojería

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Descubre el interior del Bugatti Tourbillon: diseño atemporal inspirado en la relojería, HMI analógica, car couture y ergonomía centrada en el conductor.

El interior del Bugatti Tourbillon se concibió como respuesta a uno de los retos más esenciales de la marca: crear un espacio inmune al desgaste visual y conceptual. En el nuevo hiperdeportivo, esa ambición se traduce en un rechazo deliberado de las modas efímeras a favor de una estética atemporal, anclada en el legado de la casa y en la filosofía de la alta relojería, una decisión que hoy suena especialmente pertinente.

El habitáculo se desarrolló bajo la dirección del Jefe de Diseño de Interiores de Bugatti, Ignacio Martinez, cuyo papel abarca desde los primeros bocetos hasta la preparación para producción. Su enfoque va más allá de la identidad visual y concede el mismo peso a una secuencia de uso clara e intuitiva. En el Tourbillon, el interior refleja el exterior: la icónica línea central y la característica C de Bugatti se reinterpretan dentro del habitáculo, dividiendo sutilmente el espacio en zonas diferenciadas para conductor y pasajero. Detalles que ordenan el entorno sin estridencias.

Los materiales definen el ambiente. Bugatti amplía su paleta interior al combinar cuero flexible con tejidos de nuevo desarrollo para asientos y paneles de puerta. La marca denomina esta filosofía car couture, es decir, la traslación de los códigos de la alta costura al automóvil. El objetivo no es decorar por decorar, sino construir una experiencia táctil y visual pensada para seguir vigente durante décadas; aquí lo táctil tiene tanta importancia como lo visual.

La ambición creativa se equilibró con la realidad de la ingeniería. El interior debía integrar airbags, la ubicación de los cinturones y el comportamiento en caso de choque, todo sin traicionar la intención de diseño original. Al tratarse de un vehículo de carretera, la seguridad, el confort y el cumplimiento normativo fueron condicionantes constantes durante el desarrollo. Nada de concesiones gratuitas, sino ajustes donde hacía falta.

En el centro del habitáculo late la idea de la intemporalidad, un tema ligado directamente al nombre del modelo. El Tourbillon toma inspiración del invento relojero de principios del siglo XIX creado para contrarrestar el efecto de la gravedad sobre la precisión. Con ese mismo espíritu, los diseñadores de Bugatti evitaron las modas digitales y buscaron un interior llamado a perdurar y a pasar de generación en generación, una meta que, de lograrse, aporta valor auténtico.

De esa filosofía nace una interfaz humano-máquina conscientemente analógica. Los elementos digitales se reducen a lo esencial, mientras que los mandos físicos cobran protagonismo y se han calibrado para ofrecer un tacto preciso y una resistencia mecánica medida. La pantalla central permanece oculta en el salpicadero y solo emerge cuando es necesaria, preservando la limpieza visual del conjunto; un enfoque que prioriza la concentración al volante.

La atención del conductor se dirige al volante y al cuadro de instrumentos, núcleo de la experiencia de conducción. Un volante con cubo fijo garantiza la visibilidad constante de la instrumentación, y el cuadro totalmente analógico es una pieza mecánica desarrollada junto a relojeros suizos. Con más de 600 componentes y un armazón de titanio, el conjunto refleja la precisión, la artesanía y la estética esqueletizada propias de la relojería tradicional. No es habitual ver esta devoción por lo analógico en la categoría, y aquí se siente justificada.

Con este enfoque, el interior del Tourbillon trasciende la función pura y dura. Se erige en una declaración sobre el futuro del lujo, donde ingeniería, artesanía y diseño convergen para crear una experiencia definida no por la novedad, sino por un valor que perdura. En este contexto, menos pantalla y más sustancia suena a camino sensato.

Mark Havelin

2025, Dic 20 04:10