Citroën DS: innovación hidroneumática, diseño y seguridad
Descubre cómo el Citroën DS redefinió confort y seguridad con suspensión hidroneumática, frenos de disco y faros direccionales; su legado del MoMA a De Gaulle.
El Citroën DS rara vez se describe como un coche a secas. Desde su aparición, parecía pertenecer a otra categoría. Hasta el nombre alimentó la leyenda: pronunciado en francés, DS suena como déesse, que significa diosa. No era un eslogan publicitario, sino el reflejo de lo distinto que resultaba para quien lo veía por primera vez.
Cuando el DS debutó en el Salón de París en octubre de 1955, la respuesta fue inmediata e inédita. Se registraron unas 12.000 reservas solo el primer día, una cifra poco vista para la época. El entusiasmo no venía solo por su silueta futurista, sino también por la tecnología escondida bajo la carrocería.
En el corazón del DS estaba su suspensión hidroneumática, desarrollada por el ingeniero Paul Magès. En lugar de muelles convencionales, el sistema recurría a líquido hidráulico y gas a presión, lo que permitía mantener una altura de la carrocería constante con independencia de la carga. Con poco peso a bordo o con todos los asientos ocupados, el DS se comportaba igual en carretera. El conductor incluso podía seleccionar manualmente distintas alturas, una función muy adelantada a su tiempo en plena década de 1950.
Esa lógica hidráulica se extendía por todo el vehículo. El DS montaba frenos de disco delanteros de instalación interior, una solución poco habitual y técnicamente exigente que reducía la masa no suspendida. Se le considera ampliamente el primer coche producido en serie en el que los frenos de disco se aplicaron con éxito a gran escala, y no como un experimento limitado.
La transmisión seguía el mismo planteamiento poco convencional. Citroën ofrecía una caja semiautomática que funcionaba sin pedal de embrague: los cambios se gestionaban hidráulicamente, desembragando y embragando de forma automática. Para el conductor, el resultado era una conducción inesperadamente suave y serena, especialmente en entornos urbanos.
Tras el rediseño de 1967, el DS estrenó otra innovación que después sería común: faros direccionales. Los faros interiores seguían mecánicamente el giro del volante e iluminaban la curva antes de que el coche terminara de entrar en ella. Hoy la idea resulta familiar, pero a finales de los sesenta era una rara muestra de ingeniería de seguridad con visión de futuro.
Incluso en sus materiales, el DS rompía convenciones. Un techo de fibra de vidrio ayudaba a reducir el peso y a bajar el centro de gravedad, lo que contribuía a mejorar la estabilidad. En conjunto, esas decisiones transmitían la impresión de un sistema cuidadosamente integrado, más que de un repertorio de trucos técnicos aislados.
El impacto cultural del Citroën DS acabó por ir mucho más allá del automóvil. El modelo fue incluido en la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se presenta como un objeto que tiende un puente entre el diseño industrial y la ingeniería. En ese contexto, el DS se ve no solo como un medio de transporte, sino como un artefacto definitorio de su tiempo.
El coche también ocupa un lugar singular en la historia política. El 22 de agosto de 1962, durante un intento de asesinato en Petit-Clamart, el Citroën DS que transportaba al presidente francés Charles de Gaulle consiguió escapar pese a los neumáticos dañados. El presidente salió ileso y el episodio reforzó la reputación del DS por mantener el control en condiciones extremas.
Hoy, el Citroën DS suele describirse como un vehículo que redefinió las expectativas de confort, seguridad y ambición técnica. Muchas ideas materializadas por primera vez en el DS se han convertido desde entonces en estándares de la industria. Ese legado sugiere que el coche no solo fue exitoso en su época, sino que, en esencia, estaba por delante de ella.
Ethan Rowden
2026, Ene 14 15:29