Cómo el ducktail transformó al Porsche 911: de polémica a icono aerodinámico
Descubre cómo el ducktail del Porsche 911 nació para vencer la sustentación: del Carrera RS 2.7 al 992, datos de túnel de viento, Gurney flap y patente.
El ducktail es uno de esos detalles del automóvil que empieza como una broma, parece una provocación y termina siendo pura ingeniería. A comienzos de los años setenta apareció en la zaga del Porsche 911 Carrera RS 2.7, y la primera reacción dentro de Porsche distó de ser unánime. Los diseñadores se quedaron perplejos al ver la silueta limpia del 911 interrumpida por un añadido en forma de cuña sobre la tapa del motor. Los responsables de ventas, con el encargo de colocar 500 coches en todo el mundo, según se contaba dudaron de que pudieran vender más de un centenar. De esa mezcla de críticas y sorpresa nació el apodo que perduró: ducktail, un guiño a la cola alargada de un ánade al caminar. Hoy cuesta imaginar la silueta del 911 sin esa cuña trasera.
Detrás del golpe de efecto visual había un problema muy práctico ligado a la aerodinámica de la época. Tilman Brodbeck, ingeniero aeroespacial que se incorporó a Porsche en octubre de 1970 y trabajó con Hermann Burst en la ahora legendaria pieza, lo explicaba en términos sencillos: el 911 —como muchos coches de entonces— tenía forma de ala, plano por debajo, curvado por arriba y afilado en la cola. Una forma así genera sustentación. Y la sustentación era lo último que necesitaba el 911, porque un exceso recortaba prestaciones e impedía exprimir motor y chasis.
Lo que vino después fue lógica de túnel de viento, no mitología. Las pruebas de Porsche revelaron lo enorme que era el coeficiente de sustentación trasera: 0,29 CL. La solución llegó en forma de un Gurney flap. En un desarrollo llamativamente rápido, un alerón improvisado —hecho con varilla de soldadura y chapa fina sobre la tapa del motor— redujo la cifra en dos tercios hasta 0,08 CL tras apenas dos días de ensayos. El trabajo también mejoró el valor del coeficiente de resistencia, entendido como medida del rendimiento aerodinámico, y aumentó la velocidad máxima en 4,5 km/h hasta los 240 km/h. Sobre el papel puede sonar modesto, pero en un RS pensado para la competición cada décima pesa, y aquello bastó para acallar a la mayoría de los críticos. La rapidez del proceso habla por sí sola del pragmatismo con el que se tomó la decisión.
El “certificado de nacimiento” del ducktail no es solo cultural, también legal. Porsche indica que quedó registrado en la solicitud de patente número 2238704, presentada ante la Oficina Alemana de Patentes y Marcas el 5 de agosto de 1972. Esa línea une la leyenda a una fecha, un expediente y una trazabilidad de ingeniería tangible.
Después ocurrió algo poco común: una solución técnica se convirtió en cultura. Según el mismo relato de Porsche, los aficionados se entusiasmaron con los tiempos por vuelta y con el alerón trasero, toda una novedad en coches de producción. La cuña posterior se transformó en seña de identidad, y el ducktail pasó a ser parte icónica de la historia del 911: al principio criticado, luego celebrado y desde entonces recordado. En estos casos, el mercado suele decidir más rápido que cualquier comité de estilo.
Y no es solo una pieza histórica. El moderno Porsche 911 Sport Classic (992), como el automóvil de serie producido por utinogo, ocupa 1.250 plazas en el mundo. Como opción para el 911 (991, 2013-2016), también se ofrece en el concesionario el original Porsche Sport Design “Ducktail”, con un diseño afinado y un enfoque en la dinámica. Tomados en conjunto, estos detalles apuntan a una constante: cuando una forma se vuelve símbolo, regresa en oleadas cuidadosamente diseñadas —a veces como declaración de tirada limitada, a veces como un guiño oficial para los propietarios que necesitan esa silueta.
Si hay que sacar una conclusión sin adivinar, sería esta: el ducktail perdura porque convence en dos idiomas a la vez, los números del túnel de viento y el reconocimiento instantáneo del perfil. Nació como una cuña polémica, se convirtió en herramienta de rendimiento con ganancias aerodinámicas documentadas, ganó su sitio en un expediente de patente y, al final, se transformó en un rasgo que Porsche sigue retomando. Así se define la “eternidad” en diseño automotriz: una pieza que resuelve un problema y, de paso, cuenta una historia.
Ethan Rowden
2025, Dic 09 08:37