Prueba del Corvette E-Ray híbrido: cifras reales y sensaciones
Probamos el Chevrolet Corvette E-Ray híbrido AWD: cifras reales de aceleración vs. oficiales, dinámica, frenos Brembo y pros y contras frente al Stingray.
El Corvette E-Ray se presenta como una declaración de intenciones en clave de prestaciones, construido sobre una ambición sin complejos. Este deportivo híbrido, con un V8 atmosférico y tracción total, promete aceleraciones propias de máquinas mucho más exóticas. Ahora bien, detrás de los grandes titulares hay una historia más matizada que solo aparece en las pruebas fuera del laboratorio.
En esencia, el E-Ray combina un V8 de 6,2 litros que impulsa las ruedas traseras a través de una transmisión de doble embrague de ocho marchas con un motor eléctrico montado en el eje delantero. Esta arquitectura entrega una potencia conjunta de 644 caballos de fuerza y 778 Nm de par, y cambia de raíz la manera en que el coche responde al acelerador.
Las cifras oficiales anuncian un 0–60 mph en 2,5 segundos y el cuarto de milla en 10,5 segundos. Sin embargo, mediciones repetidas en condiciones reales registraron de forma constante aceleraciones más próximas a 2,9 segundos hasta 60 mph y pasadas de cuarto de milla en torno a los 11 segundos. Estos resultados apenas variaron pese a numerosos ajustes del control de lanzamiento, desde el deslizamiento de rueda hasta el régimen de salida.
La explicación de esta diferencia está en el método de medida, no en una limitación mecánica. El fabricante utiliza el denominado one-foot rollout, una convención de las carreras de aceleración en la que el cronómetro comienza cuando el coche ya ha empezado a moverse. Al medir desde una inmovilidad real con equipos basados en GPS, las cifras observadas coinciden con el rendimiento del E-Ray en el mundo real.
Por dentro, el E-Ray transmite solidez y buen ensamblaje. El cuero domina el habitáculo, con materiales alternativos disponibles como opción. Los asientos opcionales de corte competitivo ofrecen un gran apoyo lateral a un coste relativamente contenido. El puesto es poco convencional: una prominente espina central separa a conductor y acompañante y los mandos físicos del clima se organizan en una banda vertical. Esta configuración no busca consenso, pero refuerza la sensación de coche centrado en quien va al volante.
La practicidad es limitada. La capacidad total de carga entre los compartimentos delantero y trasero es de 355 litros, aunque el hueco frontal se reduce por el sistema híbrido. Guardar el panel desmontable del techo en el maletero trasero prácticamente anula el espacio útil y obliga a asumir compromisos si el tiempo se complica. Es un recordatorio de que, en este formato, conviene planificar el viaje.
En carretera, el E-Ray responde con una aceleración inmediata y sostenida. El motor eléctrico delantero mejora la tracción de forma notable, permitiendo que la potencia llegue al suelo con limpieza y confianza. Pese a cargar con casi 200 kilogramos más que un Stingray estándar, el chasis se mantiene compuesto, y la respuesta a bajo régimen destaca especialmente para tratarse de un V8 atmosférico. Se percibe esa ayuda eléctrica trabajando en segundo plano sin restar carácter al conjunto.
Con modos de suspensión más firmes, la rodadura puede volverse nerviosa y el feedback de la dirección resultar excesivo. A cambio, la frenada transmite tranquilidad: con frenos carbocerámicos Brembo, el E-Ray se detiene desde 100 mph en 88 metros, un resultado acorde a su peso y a su nivel de prestaciones.
El Corvette E-Ray es una máquina técnicamente ambiciosa. Es rápido, seguro y sorprendentemente fácil de llevar deprisa. Esa capacidad, eso sí, llega de la mano de más masa y complejidad. En contraste, el Stingray convencional ofrece una experiencia más liviana y directa en lo emocional. El E-Ray queda como un escaparate de lo que la ingeniería moderna puede lograr cuando la electrificación se integra en una receta clásica de altas prestaciones.
Ethan Rowden
2025, Dic 24 00:34