British Racing Green: del color nacional al icono del automovilismo británico
Descubre la historia del British Racing Green: de la Gordon Bennett Cup a Jaguar y Lotus; variantes, significado y legado en competición y en la calle.
British Racing Green es mucho más que un color. Actúa como marcador cultural, referencia histórica y raro ejemplo de cómo un matiz puede integrarse en la identidad de un país. Pese a su enorme difusión, British Racing Green nunca ha sido un tono único y perfectamente acotado; esa ambigüedad, de hecho, forma parte de su encanto.
Históricamente, British Racing Green surgió como el color nacional de competición del Reino Unido a comienzos del siglo XX. Su origen se asocia con la Gordon Bennett Cup de 1903, una carrera internacional celebrada en Irlanda por las restricciones al automovilismo en carretera en territorio británico. Como gesto de respeto hacia el país anfitrión, los Napier británicos se pintaron de verde, un color vinculado al trébol irlandés. A partir de ahí, el verde quedó ligado de forma permanente a los coches de competición británicos.

Desde el principio, British Racing Green nunca fue un único matiz. Las fuentes insisten en que abarcaba una gama de verdes profundos y oscuros, no una fórmula fija. Los primeros ejemplos diferían de los posteriores y, con el tiempo, el color tendió a oscurecerse. Aunque algunas referencias cromáticas le asignan un valor digital, como el HEX #004225, se trata de una convención descriptiva, no de un estándar oficial o universal. Quizá ahí resida parte de su magnetismo: es una idea, no una receta.
Hacia mediados del siglo XX, British Racing Green se convirtió en la firma visual del automovilismo británico. Surgieron distintas interpretaciones del color en coches de Aston Martin, Vanwall, Cooper, Lotus y BRM. Lo que unía a todos no era un tono calcado, sino la pertenencia a una tradición común. Cuando los patrocinios empezaron a dominar las libreas internacionales, los colores nacionales perdieron protagonismo y British Racing Green dejó de ser obligatorio en los coches de carreras.
Sin embargo, nunca desapareció. En décadas posteriores, el verde regresó en contextos concretos, como en Jaguar Racing en 2000, en el Speed 8 ganador de Le Mans de Bentley a comienzos de los 2000 y en proyectos modernos de competición de Aston Martin. En estos casos, el color dejó de actuar como norma para convertirse en una referencia deliberada al legado.

En los coches de calle, British Racing Green evolucionó hasta convertirse en símbolo del clasicismo británico. Cada fabricante desarrolló su propia lectura, llegando en ocasiones a lanzar decenas de variantes bajo el mismo nombre. Según archivos y fuentes de comunidad, incluso dentro de una misma marca el color podía variar notablemente según el año, con códigos de pintura precisos localizables solo en la documentación de fábrica de cada unidad. No existe un catálogo oficial y exhaustivo de todas las aplicaciones de British Racing Green. Esa diversidad no resta coherencia: el nombre convive con múltiples matices sin perder su identidad.
La cuestión de la propiedad añade otra capa de complejidad. El color, como tono, no pertenece a ningún fabricante. Y tiene sentido: su fuerza viene de la historia compartida, no de un registro privado.
Hoy vuelve a percibirse interés por el British Racing Green. Publicaciones recientes y señales de la industria apuntan a un renovado gusto por los acabados en verde oscuro, a menudo presentados como un guiño a la herencia deportiva. No implica el regreso de los colores nacionales como normativa, pero sí indica que British Racing Green sigue operando como símbolo de historia, continuidad e identidad.
British Racing Green continúa siendo un concepto vivo. No lo define un solo código ni una fórmula, sino un significado acumulado. Más de un siglo después de su primera aparición, ese significado sigue resonando.
Ethan Rowden
2025, Dic 26 11:54