La demanda del Rolls-Royce Spectre cae; la marca impulsa la personalización y mantiene los V12
Rolls-Royce admite menor demanda del Spectre eléctrico: caen entregas, crece la personalización y seguirá fabricando V12, con una electrificación más flexible.
Rolls-Royce Motor Cars constata un enfriamiento visible del interés por su primer modelo 100 % eléctrico, el Spectre, entre los clientes más acaudalados. Tras un estreno sólido y un primer año completo con buena acogida, el apetito por el coupé eléctrico se ha desinflado, mientras el negocio global de la marca sigue creciendo gracias a los modelos tradicionales y a los encargos a medida.
En una entrevista con Bloomberg, el consejero delegado Chris Brownridge reconoció abiertamente que el Spectre ya no despierta el fervor del lanzamiento. Según datos de BMW Group, las entregas del modelo cayeron un 45% interanual durante los tres primeros trimestres de 2025, y su peso en las ventas totales de Rolls-Royce bajó a menos de una quinta parte. En paralelo, las entregas globales de la marca subieron un 3,3%, lo que subraya un desplazamiento de la demanda hacia otras áreas del negocio.
La empresa no renuncia a la electrificación. Rolls-Royce mantiene su intención de pasar a una gama totalmente eléctrica después de 2030 y insiste en que llegarán más modelos de este tipo. Brownridge recalca, no obstante, que las preferencias del cliente mandan. Donde la demanda de motores V12 siga siendo sólida, Rolls-Royce está dispuesta a continuar fabricándolos, tratando los trenes motrices eléctricos como una opción más y no como seña de identidad.
A medida que el interés por el Spectre se estabiliza, la marca se apoya aún más en sus programas de personalización, convertidos en un motor central de ingresos. En la última década, el precio medio de venta ha pasado de unas £300.000 a más de £500.000. Solo en 2024, se entregaron más de 20 coches con etiquetas por encima del millón de libras, reflejo de un mayor apetito por colores vivos, interiores elaborados, materiales raros y elementos icónicos como los techos estrellados.
Este foco se respalda con inversiones dirigidas a la experiencia del cliente. Rolls-Royce está ampliando su red global de Private Offices, espacios donde los clientes pueden pasar meses diseñando su coche junto a especialistas de la casa. En paralelo, la compañía invierte en torno a £300 millones para ampliar su planta de Goodwood, no para incrementar volúmenes, sino para reforzar su capacidad de entregar vehículos profundamente individualizados.
El frenazo del Spectre llega en un contexto de cambios más amplios en la industria. Los reguladores europeos han suavizado el lenguaje en torno a futuras prohibiciones de los motores de combustión interna, mientras que la demanda de eléctricos en el segmento premium ha crecido más despacio de lo previsto. Con este telón de fondo, Rolls-Royce parece priorizar el equilibrio entre tecnología nueva, tradición y exclusividad, por encima de una electrificación acelerada y orientada al volumen.
Para una marca que afirma abiertamente que no aspira a ser un coche para todo el mundo, el enfoque resulta coherente. El futuro eléctrico sigue en el horizonte, pero el camino hacia él se perfila cada vez más flexible y dictado por el gusto de los compradores más ricos del planeta.
Allen Garwin
2026, Ene 04 06:13