Combustibles renovables: alternativa clave para la descarbonización del transporte

Combustibles renovables para transporte: clave en la descarbonización
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Descubre cómo los combustibles líquidos renovables, como biocombustibles avanzados y e-combustibles, son esenciales para reducir emisiones en el transporte, según un estudio de BMW y socios.

La descarbonización del transporte no puede lograrse únicamente mediante la electrificación. Esta es la conclusión principal de un nuevo estudio presentado por el Grupo BMW junto con el Instituto Tecnológico de Karlsruhe (KIT), el Centro Alemán de Investigación de Biomasa (DBFZ) y la ingeniería FREYBERGER. La investigación se centra en el potencial de los combustibles líquidos renovables, que pueden utilizarse dentro de la infraestructura existente.

El estudio examina los llamados Combustibles Neutros en Carbono (CNF), una categoría amplia de combustibles con una huella de carbono menor que los fósiles. Estos incluyen portadores de energía líquida que pueden reemplazar a los combustibles convencionales sin requerir modificaciones en los motores o en las redes de repostaje. Junto con el hidrógeno, tales combustibles se consideran una vía clave para reducir las emisiones en el transporte.

Se presta especial atención a las materias primas y los métodos de producción. Estos combustibles se derivan de residuos y desechos, incluyendo aceites de cocina usados, subproductos agrícolas, biomasa de madera, lodos de depuradora y algas. La política europea ya define estas fuentes bajo la categoría de biocombustibles avanzados, con el objetivo de limitar la presión sobre los sistemas alimentarios y el uso de la tierra.

Las tecnologías de producción varían ampliamente. Incluyen procesos termoquímicos como la pirólisis y la síntesis de Fischer-Tropsch, así como métodos basados en energía eléctrica en los que se produce hidrógeno a partir del agua y luego se combina con CO2 para crear combustibles sintéticos. Proyectos piloto, incluida la producción industrial de e-combustibles en Chile, demuestran que estos enfoques ya están superando la fase teórica, aunque los volúmenes siguen siendo limitados.

El contexto del mercado europeo explica el renovado interés por estas soluciones. En 2024, la energía renovable representó el 11,2% del consumo energético del transporte en la UE, aún lejos del objetivo del 29% fijado para 2030. Al mismo tiempo, los biocombustibles avanzados han experimentado un rápido crecimiento, con un consumo que se ha multiplicado varias veces en los últimos años, a pesar de que la capacidad de producción sigue siendo relativamente pequeña.

La regulación también está moldeando el sector. La Directiva de Energías Renovables actualizada (RED III) establece objetivos vinculantes para reducir la intensidad de gases de efecto invernadero y aumentar la cuota de energía renovable en el transporte, incluyendo cuotas específicas para biocombustibles avanzados y combustibles sintéticos. Medidas adicionales abordan la trazabilidad y la sostenibilidad, incluyendo límites en materias primas vinculadas a la deforestación y al cambio de uso del suelo.

Las comparaciones con otras tecnologías siguen siendo complejas. Los vehículos eléctricos son significativamente más eficientes energéticamente, mientras que los combustibles sintéticos requieren sustancialmente más electricidad para producirse. Sin embargo, los combustibles renovables se consideran especialmente relevantes para sectores difíciles de electrificar directamente, como la aviación, el transporte marítimo y la flota existente de vehículos con motor de combustión.

Los fabricantes de automóviles ya están respondiendo. BMW aboga por un enfoque tecnológicamente neutro, combinando soluciones eléctricas, de hidrógeno y basadas en combustibles. La compañía está probando alternativas como el HVO 100 y combustibles sintéticos, mientras que otros, incluyendo Porsche y Stellantis, están invirtiendo en la producción de e-combustibles y la compatibilidad de motores para reducir las emisiones de los vehículos que ya circulan.

El estudio mira hacia 2030, 2035 y 2040, analizando la disponibilidad de materias primas, las tecnologías de conversión y la futura demanda de combustible en toda la UE. Su conclusión es clara: reducir las emisiones requerirá múltiples vías paralelas, con los combustibles renovables desempeñando un papel complementario junto a la electrificación.

Mark Havelin

2026, Mar 24 06:46